Hace tiempo que Iñaki Gabilondo dejó de ejercer el periodismo para dedicarse al proselitismo. Desde que asumió el papel de entrevistador de cámara de Felipe González en sus momentos más duros comenzó a resquebrajarse su acrisolado prestigio periodístico, fraguado entre la televisión del tardofranquismo y la cadena ser. Los años del PP en el poder permitieron al donostiarra capitalizar la audiencia de izquierdas y mantenerse al frente del liderazgo radiofónico, pues la crítica al poder siempre está bien vista en democracia. Pero el retorno del PSOE al gobierno -episodio en el que jugó un papel decisivo- lo devolvió a su función de propagandista. Hacía años que uno no oía al tal Iñaki, tal vez por eso me pilló desprevenido el miércoles cuando lo ví protagonizando un vergonzoso atropello a Mariano Rajoy en el canal que González regaló a Polanco. Desde la infame entrevista del desaparecido Juan Pedro Valentín a Aznar en Telecinco tras las elecciones del 14-M uno no había vuelto a ver nada tan miserable en televisión. Partiendo de la mirada de desprecio y actitud chulesca que el vasco dedicó a Rajoy a lo largo de todo el interrogatorio -muy valiente cuando los suyos están en el poder-, el presentador de Noticias Cuatro sometió al presidente del PP a una concatenación de desprecios hacia su partido y su persona. Para descolocarlo, comenzó preguntándole a bocajarro quién mandaba en el PP si él, Aznar o Jiménez Losantos. Aunque quizá, el hecho de que Polanco tenga a sueldo al Partido Socialista esté en el origen de esa insolencia.
Rajoy se dió cuenta inmediatamente de que había caído en una trampa, aunque ya era demasiado tarde. Lo que vino después fue más de lo mismo. Le soltaba una y otra vez las mismas insidias para ningunearle como líder y acusar al PP de llamar golpista al PSOE tras el 11-M, algo de lo que todos estamos íntimamente convencidos aunque quizás no llegue a probarse nunca. Precisamente, ese convencimiento de Gabilondo de que no pueda probarse lo que todos sospechamos y él sabe, le llevaba a columpiarse una y otra vez sobre lo mismo. Ridiculizó las revelaciones sobre el 11-M y se exhibió como el único "periodista" al que no le interesa saber qué pasó realmente ese día. Su insistencia con el 11-M desvela que ese era el verdadero móvil de la encerrona: las noticias publicadas por El Mundo han puesto nerviosos al gobierno y a Polanco, que reacciona soltando a su dóberman favorito contra el PP. Pese a que Rajoy se safaba como podía de las dentelladas del vasco, difícilmente podía ocultar que le estaba haciendo jirones el traje. Había ido a una entrevista y se topó con Rubalcaba disfrazado de Gabilondo. Al final, el entrevistador chorreaba sangre por las fauces mientras Rajoy se lamía las heridas.
Durante la campaña electoral de 2000, José María Aznar, desoyendo a sus asesores, no concedió ninguna entrevista al grupo Prisa y obtuvo mayoría absoluta. Después de las elecciones del 11-M en que el grupo Prisa, con Gabilondo a la cabeza vulnerando la ley electoral, lanzó las hordas de la izquierda contra el PP a 24 horas de abrirse las urnas, nadie del Partido Popular debería volver a pisar ningún medio de ese grupo como no fuera para celebrar su defunción.
Mariano Rajoy es, posiblemente, el candidato más preparado, capaz y con mayor sentido de Estado que un partido político haya tenido jamás en España, (lo cual no sabe uno si es bueno o malo en este país), pero, en cualquier caso, es un lujo que no podemos dejar pasar.
Ya llegará la hora de hacer de bueno. Hasta entonces, Rajoy debería liberarse de ciertas ataduras y dejar de pagar peajes innecesarios. Tiene que darse cuenta de que si no va a Prisa quien pierde no es él -¿o piensa acaso que la entrevista de ayer le reportó algún voto?- sino Polanco, que pretende vender (aunque a estas alturas suene ridículo) credibilidad y rigor.
En todo caso, si no quiere devolverles el desprecio que merecen, la próxima vez que le llame Iñaki que mande a Gallardón.